Desde las entrañas del volcán

Desde las entrañas del volcán
Blog-experimento. Espacio onírico. Utopía en proceso de construcción. Soy comunicadora audiovisual, guionista, escritora, feminista, militante de lo colectivo, artista, activista, anticapitalista y hechicera de la revolución. Colaboro con varias publicaciones y me apunto a un bombardeo. Para propuestas amorosas y proyectos contacta conmigo: garcialopez.alejandra@gmail.com

miércoles, 11 de julio de 2012

Night lovers



Imagen por Marina Molares

Luz y oscuridad, totalidad compuesta por opuestos en eterna lucha. Gozo verdadero,  triunfo de las partes en orden espontáneo y equilibrado desarrollo. Ambos mundos son reflejo el uno del otro. Se penetran mutuamente, mezclándose en divino equilibrio o en esclavitud existencial.

Cuando Sabiduría abandonó el universo y Azar, el de caprichosos designios, reinaba; el universo se halló desmotivado, sumido en espeso e impenetrable humo, o por el contrario, en luz siniestra y cegadora. Sólo el hombre puede habitar todas las regiones pues todas le pertenecen. En cambio los dioses sólo pertenecen a la noche en la que el hombre se convierte en extranjero hasta que comprende el misterio que lo envuelve.

Eros ya no escuchaba el canto de su amada. Sollozaba mientras atravesaba el campo de negras espinas que rasgaban su piel provocándole heridas. Así aliviaba el pesar de su corazón mientras escuchaba apagarse el eco de su amor. Múltiples rasguños surgieron en su cuerpo y en su rostro y cuando llegó al oasis de flores azules  su piel estaba casi completamente teñida de rojo.

Su amada, Poesía, yacía muerta en el suelo, con el rostro cubierto de lágrimas que habían trazados surcos azules cual goletas atravesando el océano. Su corazón estaba helado y su rostro reflejó en cuestión de segundos la profunda huella del amor frustrado. Maldijo la vida, negó el amor y el gozo. todo lo bello que poblaba su existencia había sido quemado en cuestión de segundos, como un rastrojo. Mientras el decrépito aliento del dolor mas tosco respiraba en su nuca las marcas de firmeza interior y perseverancia desaparecieron de su rostro.

El cielo se vistió de azul oscuro y en su manto surgieron miles de estrellas. Su corazón estaba poblado ahora de caótica tempestad. Eros abría los ojos como si quisiera ver con claridad, intentando buscar en la noche la ansiada verdad. Un sonido repetitivo comenzó a sonar. Eran las ruecas de las Moiras tejiendo sin parar. El hilo de la vida de los mortales en manos de estas tres mujeres está. Bajo su sensualidad subyace una fuerza femenina devoradora y mortal. Hiladoras de la vida, portadoras de destino y juezas del principio y fin de la existencia de cada uno.

Eros siguió el traqueteo de las ruecas. Mientras avanzaba la luz entre una densa oscuridad. Tembló al ver frente a si a las tres Moiras hilando. A medida que se acercaba estás se hacían enormes y se deformaban. Cuando las tuvo delante vio que eran tres enormes rocas, pero en ese momento los árboles temblaron y del suelo surgió una puerta. Eros descendió y penetró en el taller de las tres mujeres. Era un espacio sin límite definido repleto de ruecas y husos que llevaban placas con nombres escritos. Buscó la rueca que llevaba el nombre de su amada grabado y al dar con ella vio que el hilo estaba cortado.

–Cloto, Láquesis, Átropos, venid. Yo también quiero morir-, gritó con toda la fuerza que quedaba en su pecho. De las tinieblas de aquella gruta surgió una lámpara de gas negro que flotaba en el aire y se acercaba al extranjero en silencio.

Eros quedó enmudecido al ver a su amada Poesía. Ella estaba más bella que nunca y más llena de vida que en ninguna otra ocasión. Poesía le besó y le abrazó. Eros  se deshacía en lágrimas, sus rodillas flojeaban y su alma se encogía. -¿Desde cuándo estás aquí?-, peguntó el extranjero. -Desde que me enterraron-, dijo Poesía. -¿Entonces es cierto? Estás muerta-. –No. En el mundo eterno estoy viva-, dijo ella. Ella le sonrió con ternura y desapareció.

Del fondo de la gruta surgió un fuego y de las llamas crepitantes las tres Moiras aparecieron. Eros les pidió que cortaran el hilo que le cosía a la vida. La mujeres no contestaron. Eros intentó traspasar el fuego para agarrar a las Moiras, pero no pudo. Extasiado cayó al suelo y preguntó- ¿Por qué?.

Las Moiras, en silencio absoluto, desaparecieron.  Un largo e intenso rayo de luz iluminó los ojos del extranjero. Lo mortal comenzó a retumbar y lo inmortal y original surgió transparente como el agua del mar.  Eros comprendió el enigma: Alguien tiene que morir para que los demás valoren la vida.

Cuando hubo descifrado el misterio, futuro y pasado se hicieron uno. El eterno presente pasó ante sus ojos sin prisa,  contemplado con tierna e ingenua sonrisa. Cientos de silueta danzabas libres por el universo y hacían de él un jardín de placer y gozo de múltiples formas y colores intensos.

El rostro grisáceo de Eros se llenó de nuevo de vida. El eterno reino del amor está fundado. La pesadilla del dolor ha terminado. La paz pone fin a la pelea entre los opuestos. Dónde Sabiduría e Instinto reinan a la par, la vida y la muerte fluyen hermanadas haciendo de la existencia un misterio oculto y peculiar, descifrable para aquellos que conocen el lenguaje de la Naturaleza. Habla con palabras mudas, sólo con quienes aman se comunica. En las profundidades encontrarás: Éxtasis profundo, fusión íntima y total. Ella y nosotros somos uno: centro y sagrada fuente del placer celestial.

Texto  inspirado en "Enrique de Ofterdingen" de Novalis. Extracto en el blog La Caja del Diablo con sesión para descargar de Synth Pop, Electro Pop, Glo Fi, Disco House… por Dani Scream.

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martes, 22 de mayo de 2012

Celestial circles






Imagen de Marina Molares

Uno es la fuerza primigenia creadora. Es el círculo, el ciclo  que nunca se rompe, por el que todo nace y muere. En el origen: silencio y vacío existencial. Nebulosa llena de nada y hueca de todo, burbujeó en el espacio. Es el tiempo de la madre, dónde el caos es orden.Nun. Explosiones de energía cósmica y colores se propagaron por el universo. Dieron lugar a cúmulos de potencias chocantes. Brotaron los distintos elementos y tuvo lugar la creación. Fuego, tierra, agua y aire. Por obra de un milagro o por arte de magia, así nace la vida, fuente primaria de la existencia y energía en armonía.  Hauhet. Conservamos su huella, mensaje cifrado, misterioso y oculto que sale a la luz profundizando en el interior. La misma fuerza de la que todo nace, pulsa fervientemente en nuestro yo. Es la vida, hacer consciente lo inconsciente y ser conforme a nuestra esencia. Nuestro origen es nuestro destino. El amor y la muerte son las vías. Kauket. Los universos opuestos encarnan el dos. Su equilibrio es el camino por el que retornaremos a la fuente, mimetizándonos con la unidad. Cuando el alma se torna libre y llena de gozo, está preparada para la unión y se funde de nuevo con la fuerza generadora de vida. Amun. Es el círculo fragmentado en dos partes, de  igual importancia, ambas fuente de energía y potencias complementarias.

Masculino y femenino, amor y muerte, día y noche, cielo y tierra. Son las contradicciones que hacen a la existencia ser lo que es. De su fusión surge el éxtasis que engendra de nuevo la vida. Así hombre y mujer vuelven a experimentar en la unión cósmica la energía misma que les hizo brotar. El recuerdo de esta fuerza que fluye es lo que impulsa a buscar la unión con la otra parte. La energía es el amor que destruye la separación y procrea eternamente. Dharma. De la fundición de las dos partes, nace el tres. La muerte de la división da vida a la vida. Los contrarios comparten sus potenciales en el acto sagrado. El hombre fecunda a la mujer y ésta engendra de nuevo el ciclo creador.  El círculo  del  que todo nace se reencarna en el vientre materno. El impulso erótico se convierte en motor de la vida, perpetúa la unidad  eternamente haciéndola renacer una y otra vez. Cakra. Es la unión de los dos universos dónde se encuentra la plenitud. El deseo de descubrir el misterio cósmico y la experiencia de encontrarlo nos hace retornar al origen, a lo circular y perfecto. Mudra. Al ser primitivo en potencia, vacío de dolores y sufrimientos, repleto de gozo y libido, consciente de su  naturaleza sagrada y libre, que vive en armonía con la madre a la que pertenece, pues la unidad lo es todo.


Texto en dos partes en La Caja del Diablo con música Synth Pop, Dream Pop, Lo-Fi, Surf Pop, Shoegazer por Dani Scream.


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Agnes of god



Imagen de Marina Molares


Había una vez un país conocido como el de los amores insensatos. La insensatez era allí ley de vida. Los hombres como anguilas ciegas sólo deseaban poseer nuevas grutas en las que alimentarse mientras que las mujeres llevaban a la altura de su pelvis perros rabiosos devoradores de peces macho. En ese país las parejas se unían por intereses comunes que poco o nada tenían que ver con lo bello que hay en el universo. Levantaban murallas a su alrededor protegidas con armamento pesado y su libertad se limitaba a la de pájaro encerrado en jaula. 



En ese país había una joven de tez oscura como la miel y labios vivos como frutos rojizos que no se hallaba en aquel lugar, pero como uno no elige dónde nace no le quedó otra que acostumbrarse a vivir en esa comunidad. Sin embargo, ella sabía que esperaba de su paso por la tierra, lugar con alma sensible e inteligencia, algo mas profundo y veraz. Estaba convencida de que podía conseguirlo quizás no ahí ni en ese momento, pero si en otro tiempo y lugar. 



Contemplaba con angustia como a su alrededor preferían estar en compañía soportando pesadas cargas vacías de contenido y consumidoras de potencial en lugar de vivir en soledad. La joven era consciente de que existía un miedo muy profundo asentado en las psiques de profundizar en las almas propias y en las de los demás. En el fondo todo se reducía a falta de amor, al conocimiento y a la bella fuerza que todo lo mueve, y a un insistente apego a lo material. 


La joven entendía que lo que ocurría allí es que llamaban amor a lo que sólo era una deformación, pues ella sentía que en el amor no hay que cargar el armamento ni levantar fuertes para protegerse, todo lo contrario. Ella sentía que había que derruirlos para poder trascender los límites del uno y experimentar así la magia del dos. En eso precisamente consistía el amor. Pero parecía que a su alrededor los corazones estaban cerrados como si quisieran evitar a toda costa el dolor, pero lo que ella pensaba es que en un alma cerrada no cabe el sufrimiento pero tampoco el gozo ni el amor. Cuando el alma está llena de gozo y no siente miedo se abre sola y ahí se inicia el camino a la aventura de este viaje emocionalmente arrollador.

Un día seducida por palabras cargadas de falsas promesas de durabilidad la joven dejó que un anguila ciega penetrara en su alma y como mordedura de serpiente venenosa experimentó los efectos de lo insensato del amor. De pronto todo el conocimiento que sobre sí misma tenía parecía que comenzaba a esfumarse. Comenzaron a aflorar en ella sentimientos oscuros y contradictorios. Se miró al espejo y vio que sus ojos habían perdido el brillo que los caracterizaba y sus labios palidecían con cada bocanada de aire. No veía en su imagen nada de lo que ella era. Afortunadamente supo reaccionar a tiempo, corrió hasta el puerto y se arrojó al inmenso azul oscuro que ésa noche estaba revuelto. Prefirió perecer en las profundidades marinas que dejar de ser conforme a lo que ella sentía. Le pareció un final digno para lo que en vida había aprendido.

Muchos días y noches pasó la joven en el fondo del mar y cuando ella misma se daba por perdida ocurrió algo especial. Yacía ella   en una gruta impenetrable y como recién despertada de un profundo sueño, que parecía haber durado años, abrió los ojos y comenzó a andar. El fondo de la cueva emitía una luz cual aurora boreal. La joven atraída por ese baile de múltiples colores se acercó, pero a pocos metros de la entrada la cueva misma, como si estuviera cogiendo aire, la absorbió. La joven se sumió en un torbellino de aire caliente de colores y de fuego y no sintió miedo. Después de varios minutos viajando por las entrañas de la tierra salió despedida por la boca de un volcán varios metros en dirección al cielo. El golpe propinado cuando de nuevo cayó sobre el suelo fue monumental, pero no sintió dolor sino un gozo inmenso inundaba su alma porque comprendía lo que había ocurrido: había renacido, la vida le había dado otra oportunidad.

La joven había perdido su ropa en ese trayecto intraterrestre, pero se sintió a gusto invadida por el fuego vital. Se tiró al suelo y se revolcó con ansias, gritó, rió y lloró, las tres acciones a la vez como poseída por un éxtasis místico fruto de aquella intensa experiencia. Desde aquella prominencia se veía el inmenso azul. Ahora ella estaba en una pequeña isla en mitad del océano, alejada y por ello protegida de cualquier civilización. 

Así vivió durante años con la única compañía de la madre tierra y los frutos y animales que de ella nacen. Le parecía un regalo divino que sentía la obligación y el deseo de agradecer. Por eso todas las noches subía de nuevo a lo alto del volcán para despedir al sol y dar la bienvenida a la luna y  tras hacer un baile ritual bajo la luz de las estrellas en las que se integraba en la totalidad del universo, despedía a la luna y daba la bienvenida al sol. La joven tras muchos viajes de descenso a sus profundidades comprendió de lo que estaba hecha la existencia y ella misma a modo de microcosmos. Las fuerzas opuestas que la componían eran el amor y el odio en armonía. Lo que le había ocurrido en el país de los amores insensatos del que provenía es que allí el odio imperaba mientras que el amor se desvanecía. 

Ella sabía que tenía un bien divino guardado en su interior que muchas veces sentía la necesidad de compartir, pero como era lo más preciado y delicado que tenía prefería conservarlo escondido en lo profundo de su corazón antes que volver a la tierra de las angustias y compartirlo con quién no supiera apreciarlo ni lo comprendiera. 

Una noche mientras admiraba la luna, que a cambio la rociaba de plata, la tierra comenzó a temblar y a emitir un zumbido propio de abejas cerca de colmena. De las entrañas del volcán comenzó a brotar miel que descendía magmática por las faldas bañando la tierra. La joven se llenó de alegría mientras lamía con ansias aquella lava de ambrosía. Estaba extasiada y poseída de una locura especial. Una sombra se proyectó sobre su cuerpo desnudo y le hizo levantar la vista sin saber lo que iba a encontrar. Quedó perpleja al descubrir frente a si un joven hermoso y desnudo que el volcán entre ríos de miel había escupido. 

El y ella formaron un nuevo núcleo, reinventaron el mundo y conocieron el amor más profundo. Así la madre tierra les colmó de frutos y les propició una naturaleza amable para la que vida fluyera libre y agradable. Así maduraron y vivieron hasta el final de sus días una merecida aventura a partir de la diferencias derivadas de ser dos personas y no una, sin que eso supusiera una desfiguración de los potenciales de cada uno. Trascendieron su conciencia individual y se hicieron fuertes y dichosos a través de lo que es el amor como experiencia universal.  Hicieron de la existencia lo que para ellos tenía que ser: un viaje maravilloso lleno de riesgos pero en el que merece la pena profundizar. Así fijaron el azar por el que se habían encontrado y declarando su amor, inscribieron la eternidad en el tiempo.

Fin

Texto subido en tres partes en la La Caja del Diablo con música Psicodelia Folk, Ambient Noise, Raga, Experimental, Dream Pop, Surf, Exótica…por Dani Scream. 


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jueves, 26 de abril de 2012

La Isla del Infiero I



“Una prominencia bañada de plata terminaba en acantilado que daba al mar.  Se escuchaba el canto de la noche y el vaivén de las olas al que se unió una respiración entrecortada, justo en el preciso instante en el que la tierra comenzó a temblar. Como si fuera el mismo humus el que inspiraba y expiraba la prominencia se empezó a excitar. Cuando llegó al climax del punto más alto de la montaña renació la joven en una nueva vida.  Ella estaba desnuda y su piel se confundía con la tierra que la cubría. Se sintió llena de calor, de energía y por un momento su cuerpo parecido inundarse de llamas vivas.  La joven tocó su piel y sintió el ardor. Tenía una sed insaciable y no de agua sino de vino y pasión. Delphyne. Respiró fuertemente, gritó y en el suelo se revolcó. Se hizo una con la madre que la había engendrado, devolviéndola a la vida que ella siempre había anhelado. Unos tambores lejanos llamaron su atención y siguió aquel canto a tres voces que la incitaba a moverse de forma instintiva sin ningún uso de razón.  La melodía se convirtió en ditirambo. Del barro una planta de hiedra nació enroscándose imparable en una parra seca y sin vida. La joven estaba entusiasmada con lo que estaba viendo y de forma espontánea al ritmo de los tambores comenzó a moverse.  También se unieron las castañuelas y los aulós y esa manía hecha música todo lo contagió. En un balanceo suave y sensual la joven elevaba su pie derecho e inclinaba la cabeza hacia atrás . Así danzó desnuda durante varias horas, envuelta en la locura del baile sin percatarse de lo que a su alrededor estaba ocurriendo”.


Texto para el blog La Caja del Diablo acompañado de diseños de Marina Molares y música de Dani Scream( Dream Pop, Lo Fi, Bedroom Pop,  Glo Fi...). Descarga la sesión de La Isla del Infierno I.

La Isla del Infierno II



“La hiedra lo invadió todo y después de entre ella rosas negras y robustas cepas de parra brotaron sin cesar.  Aquel lugar árido se había convertido en paraíso infernal.  La joven extasiada se había olvidado de su sed pero aunque ella sentía que era sólo delirio en movimiento pronto sintió sus fuerzas agotarse y la necesidad de beber. Bromio. De entre las cepas apareció un carnero de ojos amarillos y mirada penetrante, robusto y con imponente y enorme cornamenta. Se acercó a la joven infundándole temor y pasión incontrolada. Ella respiraba fuertemente y de forma entrecortada en esa mezcla se sentimientos opuestos que la invadía de forma delirante y descontrolada. El carnero se acercó un poco más y olisqueó su vientre y tras emitir un alarido se elevó sobre sus dos patas traseras y se transformó en un hombre apuesto. Gleukos. El Dios infernal, el que duerme en los infiernos, había acudido a la llamada de la fémina pues él, solícito, siempre responde  a invocaciones que suscitan su epifanía.”


Texto para el blog de La Caja del Diablo acompañado de diseños de Marina Molares y música de Dani Scream (Exótica, Bedroom, Pop, Dub...). Descarga la sesión de La Isla del Infierno II.

La isla del infierno III



“El hombre se acercó a una vid y arrancó un racimo de uvas tintas. La joven ofreció su boca con ansias de beber. El hombre acercó el racimo a sus labios que se abrían temblorosos esperando ser poseídos. Con sus manos grandes y sus dedos fuertes y finos exprimió las uvas de las que salía humo colorido. La joven gimió pues se quemó con el rojo vino, pero pronto el entusiasmo y el delirio recorrieron su cuerpo y su espíritu. Epiphaneia. En un parpadeo de la joven en el que asimilaba lo que estaba ocurriendo dentro de sí, el hombre había desaparecido. La luz plata se apagó y quedó todo en penumbra. La joven tenía un deseo demoníaco de volver a encontrar al hombre carnero y un aliento cálido hizo que comprendiera el misterio que ante sus ojos había acontecido. De las aguas del mar teñidas del color del vino emergió el sol infernal, acompañado de un rayo que encendió antorchas por todo el terreno y esa mano masculina de finos dedos y venas hinchadas de raíz indestructible, agarró a la joven por la cintura tan sutil como bruscamente. La tendió en el suelo y entre fuego, vides y ditirambo por el éxtasis fueron poseídos. Bugenes. Ven, oh héroe Dioniso…al templo junto al mar, al templo puro, desnúdame con tu fuego y poséeme con tu embriaguez y tu manía, tu delirio y tu éxtasis que incita a la vida libre, al thíasos,  a la libertad infernal.”


Texto para el blog de La Caja del Diablo, acompañado de imágenes de Marina Molares y música de Dani Scream ( Drone, Psicodelia, Dream pop). Descarga la sesión de La isla del infierno III.

lunes, 16 de abril de 2012

Canto infernal


                   



La joven no estaba acostumbrada a la gran ciudad. Ésa en la que el humo decoraba el aire y el gris de los edificios y el asfalto eran toda la paleta de colores que se podía contemplar, salpicada de escaparates desnudos de contenido y repletos de superficies vacías, y neones luminosos que anunciaban la decadencia disfrazada, a gritos, con su voz silenciosa.  No era por falta de años para habituarse a ella, era precisamente la cantidad de años que había pasado en la capital la que le hacía escuchar la llamada de la naturaleza cada vez con más intensidad.  Ella había crecido entre volcanes, rodeada de árboles y frutos,  en contacto con lo más íntimo que había sentido jamás. Esa paz infinita y plena que te eleva y te invade cuando te sientes en libertad.

La libertad es un bien preciado que se torna más bien escaso en la ciudad. Algo tenía aquel entorno, que le perturbaba, que le hacía sentir repulsa y la cargaba de hastío emocional. La sensación de ahogo y de sentirse atrapada en un mundo en el que no se hallaba cada vez iba a más. La incomprensión de sus circunstancias y la impotencia acabaron por convertirse en rasgos de su personalidad. Era triste convivir con esa sensación de soledad, esa soledad que se siente no por estar sola, ella disfrutaba de esos momentos, sino por sentirse atrapada en un destino y unas condiciones que ella no quería aceptar. Consideraba que la vida era otra cosa más profunda y espiritual, sentía que su paso por la tierra, lugar con alma sensible e inteligencia, podía aportarle, en un intercambio recíproco, mucho más. Sentía ganas de hacer cosas con sus manos, de crear y de engendrar; de expandir su existencia y hacerla una con la tierra; de vivir el amor puro y encontrar la verdad.

Así la joven de ojos negros como ala de cuervo y tez oscura como la miel, se hizo una con la oscuridad y se entregó a la niebla siendo ésta su amiga fiel. Cual lechuza vivía de noche así podía disfrutar de las calles vacías y lo que más disfrutaba: sumergirse hasta llegar a ahogarse en las profundidades de su inconsciente. El mundo de los sueños en dónde las conexiones se establecen de forma espontánea y liberal. Así pronto comenzaron a llamarle vampiro por sus rasgos físicos y su forma de vivir y de pensar. Y ella desconfiaba de todo aquel que no lo fuera y no sintiera la pasión de la vida misma, la pulsión de lo original.

El mundo de las sombras le atraía fervientemente y más desde que vivía en la ciudad, como esa vena que se hincha esperando ser aliviada de la presión que fluye incesante por ella con espíritu indomable y ganas de expandirse y hacerse una con el todo.  Los misterios nocturnos, el desenfreno del éxtasis, lo oculto bajo la superficie, lo serpenteante y húmedo, esos eran los lugares que le gustaba frecuentar. Cómo sólo accedía a ellos a través de los sueños ,el instinto de muerte la llamaba a tres voces: evohé, evohé, evohé…y sin poder evitarlo se dejó arrastrar.

Una prominencia bañada de plata terminaba en acantilado que daba al mar.  Se escuchaba el canto de la noche y el vaivén de las olas al que se unió una respiración entrecortada, justo en el preciso instante en el que la tierra comenzó a temblar. Como si fuera el mismo humus el que inspiraba y expiraba la prominencia se empezó a excitar. Cuando llegó al climax, del punto más alto de la montaña renació la joven en una nueva vida.  Ella estaba desnuda y su piel se confundía con la tierra que la cubría. Se sintió llena de calor, de energía y por un momento su cuerpo pareció inundarse de llamas vivas.  La joven tocó su piel y sintió el ardor. Tenía una sed insaciable y no de agua sino de vino y pasión. 

Respiró fuertemente, gritó y en el suelo se revolcó. Se hizo una con la madre que la había engendrado, devolviéndola a la vida que ella siempre había anhelado. Unos tambores lejanos llamaron su atención y siguió aquel canto a tres voces que la incitaba a moverse de forma instintiva sin ningún uso de razón.  La melodía se convirtió en ditirambo. Del barro una planta de hiedra nació enroscándose imparable en una parra seca y sin vida. La joven estaba entusiasmada con lo que estaba viendo y de forma espontánea al ritmo de los tambores comenzó a moverse.  También se unieron las castañuelas y los aulós y esa manía hecha música todo lo contagió. En un balanceo suave y sensual la joven elevaba su pie derecho e inclinaba la cabeza hacia atrás . Así danzó desnuda durante varias horas, envuelta en la locura del baile sin percatarse de lo que a su alrededor estaba ocurriendo.

La hiedra lo invadió todo y después de entre ella rosas negras y robustas cepas de parra brotaron sin cesar.  Aquel lugar árido se había convertido en paraíso infernal.  La joven extasiada se había olvidado de su sed, pero aunque ella sentía que era sólo delirio en movimiento pronto sintió sus fuerzas agotarse y la necesidad de beber.

De entre las cepas apareció un carnero de ojos amarillos y mirada penetrante, robusto y con imponente y enorme cornamenta. Se acercó a la joven infundándole temor y pasión incontrolada. Ella respiraba fuertemente y de forma entrecortada, en esa mezcla de sentimientos opuestos que la invadía de forma delirante y descontrolada. El carnero se acercó un poco más y olisqueó su vientre y su sexo y tras emitir un alarido se elevó sobre sus dos patas traseras y se transformó en un hombre apuesto.

El Dios infernal, el que duerme en los infiernos, había acudido a la llamada de la fémina pues él, solícito, siempre responde  a invocaciones que suscitan su Epifanía.

El hombre se acercó a una vid y arrancó un racimo de uvas tintas. La joven, invadida por la embriaguez se arrodilló ante él quedando a la altura de su perpetua erección. Ofreció su boca con ansias de beber. El hombre acercó el racimo a sus labios que se abrían temblorosos esperando ser poseídos. Con sus manos grandes y sus dedos fuertes y finos exprimió las uvas de las que salía humo colorido. La joven gimió pues se quemó con el rojo vino, pero pronto el entusiasmo y el delirio recorrieron su cuerpo y su espíritu. 

En un parpadeo de la joven, en el que asimilaba lo que estaba ocurriendo dentro de sí, el hombre había desaparecido. La luz plata se apagó y quedó todo en penumbra. La joven tenía un deseo demoníaco de volver a encontrar al hombre carnero y un aliento cálido hizo que comprendiera el misterio que ante sus ojos había acontecido. De las aguas del mar, teñidas del color del vino, emergió el sol infernal, acompañado de un rayo que encendió antorchas por todo el terreno y esa mano masculina de finos dedos y venas hinchadas de raíz indestructible, agarró a la joven por la cintura tan sutil como bruscamente. La tendió en el suelo y entre fuego, vides y ditirambo por el éxtasis fueron poseídos.

Ven, oh héroe Dioniso…al templo junto al mar, al templo puro, desnúdame con tu fuego y poséeme con tu embriaguez y tu manía, tu delirio y tu éxtasis que incita a la vida, al thíasos,  a la libertad infernal.


Fin