Desde las entrañas del volcán

Desde las entrañas del volcán
Blog-experimento. Espacio onírico. Utopía en proceso de construcción. Soy comunicadora audiovisual, guionista, escritora, feminista, militante de lo colectivo, artista, activista, anticapitalista y hechicera de la revolución. Colaboro con varias publicaciones y me apunto a un bombardeo. Para propuestas amorosas y proyectos contacta conmigo: garcialopez.alejandra@gmail.com

viernes, 3 de febrero de 2012

Historia de un calamar

El calamar se comió a la sardina



El otro día compré calamares para cocinar. Llegué a casa contenta. Me relaja cocinar.  Me preparé para estar cómoda, puse música y saqué el calamar del envoltorio.  Me encantan los calamares. Mi relación con ellos siempre ha sido  insólita.

Al verlo no puedo evitar sentir  empatía con él, que hasta no hace mucho, nadaba a sus anchas, gozaba de vida.  Sin embargo,  un instinto animal me hace querer destriparlo. Ya he dicho que mi relación con los calamares siempre ha sido extraña, pero no por ello menos intensa y fascinante. 

Desde pequeña me ha gustado limpiar el calamar. Gustado de una forma pasional, casi obsesiva. Al tocarlo,  un torbellino de recuerdos me viene a la mente. Tantas veces he vivido esa situación,  sin que por ese motivo haya sido ni un poquito menos satisfactoria. 

Una curiosidad palpitante me invade como la primera vez al tenerlo ante mis ojos. Algo que late me incita a tocarlo. Cuando lo hago me siento en completa conexión con lo vivo que había en ese calamar. Ese tacto suave, firme, resbaladizo, acuático, que le permite moverse en las profundidades marinas.

Me gustaría tocarlo todo el rato. Me gustaría tener la piel así.  Después de disfrutar de esa experiencia, en la que veo imágenes del calamar, nadando erguido, cambiando de color ante el peligro,  algo me hace verlo como presa.

Mi instinto animal se torna devorador, y comienzo a quitarle la piel. Es una gozada experimentar cómo tirando un poquito sale prácticamente sola, y entera. Sin hacer apenas fuerzas, para quedar pegada a tus dedos, enroscada y agradablemente viscosa. Me asombra la facilidad con la que se le quita la piel y queda el calamar blanco,  como si nunca hubiera llevado estampado encima.

Después viene lo mejor, quitarle los rejos y, de pronto, sentirte parte del calamar, cuando introduces tus dedos en él, para vaciarle  sus entrañas. Con esas texturas con las que tanto disfruto, de diferentes tonos y formas. Pues estando yo inmersa en ese “vaciarle las entrañas al calamar”, que para mí siempre ha sido una especie de ritual mágico, experimenté una sorpresa aún mayor. El calamar tenía algo atravesado que me impedía vaciarlo del todo y no era su concha interna, plana y transparente.

Intenté agarrarlo con mis dedos y, tras dar con el ángulo adecuado, saqué una sardina entera que empezaba a ser digerida en el momento en que el calamar salió del agua para no volver a entrar. Maravilloso pensé. Reí y disfrute de los minutos de placer al sentir la sorpresa ante aquel descubrimiento.  Me sobrecogió satisfactoriamente durante un buen rato. 

Y no era porque no hubiera vivido ya momentos así. Muchas veces he sacado,  limpiando pescado con mi padre, peces pequeños de otros más grandes. Pero nunca dejarán de impresionarme estos acontecimientos. Más estando aquí en Madrid, dónde me siento desafortunadamente menos conectada con la naturaleza, su magia y sus misterios.

Tras reponerme del impacto emocional que el calamar me había producido, ese viaje en el tiempo, abrí un vino para celebrarlo y seguí cocinando. Y pensé en lo que deseo de la vida, en mis objetivos. Uno de ellas es vivir en contacto con la naturaleza.  Sentirme una con ella, experimentar cada día su impulso vital, seguir sus ciclos,  maravillarme en cada momento con sus encantos. Lo conseguiré, pensaba. Si dedico todos mis esfuerzos a conseguirlo, llegará el día en que pueda vivir muy cerca del mar.  Ya que no puedo vivir debajo del agua...Una cabañita, una cueva, lo que sea, algo humilde, no necesito mucho. Algo que me permita sentirme conectada con eso a lo que pertenezco.

Pasando de un pensamiento a otro, se me pasó rápido el tiempo. El calamar estaba hecho y listo para comer. Me gusta pensar pensé, antes de sentarme a comer. Comí mientras seguí pensando. Me salió estupendo, cuando las cosas se hacen con empeño, salen bien. Y comiendo experimenté otra sensación, cuanto menos, curiosa.

Siempre me gustaron los rejos. Es la parte que más me gusta. Tenía en el plato unos rejos no muy grandes, pero si aparatosos. Los pinché y me lo llevé a la boca. Obviamente no me cabían tan fácilmente, y me propuse no ayudarme de los dedos. Así volví a sentirme animal. Ingeniándomelas con movimientos de lengua, intentando comerme al calamar. Y me di cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Yo me comí el calamar


Estaba engullendo al calamar igual que él había hecho con la sardina, con la única ayuda de mi ingenio para usar la lengua y la elasticidad de mi boca. Era el ciclo.  No pude evitar sentirme algo poderosa porque en esa lucha entre el calamar y yo, aunque injusta, había ganado yo.

Maravillada con lo ocurrido, fui digiriendo. Toqué mi tripa y pensé en el calamar, que ahora se había hecho uno conmigo.

El calamar y yo nos hicimos uno


Cada uno vive como quiere y siente. Desde luego yo siento la magia y quiero sentirla. Porque la vida es mágica con sus simplezas y complejidades, con su orden espontáneo y sus encantos. La vida en estado puro, sin superestructuras creadas,   está para gozarla...


miércoles, 25 de enero de 2012

La encantadora de serpientes

La encantadora de serpientes, Henry Rousseau



La joven se sumió en un profundo sueño en el que estuvo flotando años. Era un tiempo de desconocimiento y agonía en el que el peso de su existencia le impedía elevar sus alas y volar. La vida pasaba vacía ante sus ojos, aunque no desapercibida. Ella la contemplaba desde la lejanía, analizando los detalles y buscando de qué manera se podría integrar. Le parecía todo demasiado  rebuscado en el ámbito social y, contradictoriamente, simple en lo central.

Años pasó debatiéndose entre el deseo y el dolor, batalla en la que, en esas condiciones, siempre triunfaba el sufrimiento. Y se sentía asfixiada en esa pecera de animales sin color, desconectados de su instinto primario, en la que no hallaba lo que esperaba encontrar. No es que pensara demasiado. Es que la joven esperaba más.

Un viaje más profundo en su paso por la tierra, lugar con alma sensible e inteligencia. Eso era lo que ella percibía e intuitivamente esperaba engendrar. Sin ánimo de juzgar si fue para bien o para mal, la joven como no se hallaba se encerró en una burbuja que le permitía respirar. Era una burbuja llena de aire puro, de búsqueda de conocimiento, de comprensión de las circunstancias y de esperanza, no despojada de esfuerzo, en descubrir la verdad. 

Pasados los años, la joven había forjado de tal manera su fuerte, que cuando quiso salir no se encontró cómoda y mucho menos sintió seguridad. Pero se había dado cuenta de algo y es que el tiempo se había paseado ante sus ojos, mientras ella se descubría y profundizaba, pero siempre detrás de esa pared invisible que la separaba de la realidad. Y cuando digo realidad, en este caso, me refiero a la realidad impuesta por una sociedad racional en el que se ha obviado la otra mitad de lo que somos, con las consecuencias que eso conlleva para el desarrollo de la personalidad. 

En realidad esta realidad de la que hablo, era para ella algo que sentía como ajeno y en la que sabía que nunca se podría hallar de verdad. Porque ella intuía que bajo esa realidad impuesta subyacía otra verdad.

El descubrimiento de esa otra verdad llegó un día, aunque no sin más. Todas las acciones, desde el principio de sus días, habían estado orientadas inconscientemente a llegar a dónde estaba en ese determinado momento y lugar. 

Así caminando por las calles, abarrotadas de personas y máquinas de la gran ciudad, empezó a escuchar la llamada de la selva. Los tambores, los cantos a tres voces de la madre y las campanas que le animaban a abandonar aquella hostilidad.

Un viento fresco y arrollador, le empujó por detrás y tuvo que decidir en cuestión de segundos si seguir sus instintos, la llamada de la naturaleza o, por el contrario, quedarse quieta bajo las cadenas de la racionalidad. Fue en ese instante cuando vio el camino hacia la felicidad.  Había pasado el tiempo suficiente alimentándose de lo racional, contemplando la vida y pensando en ella, descubriéndose, pero era el momento de dar un paso más. De equilibrar el pensar y el hacer, de vivir la vida pensándola, de dejar atrás el sólo pensarla y observarla, sin implicarse más.

Un escalofrío recorrió su cuerpo y la hizo ser más consciente de todo él. De la serpiente que se enrosca en torno a su ser. Su pecho se hinchó de aire y gritó , más fuerte que nunca, como nunca lo había hecho. Y la madre y sus hermanas gritaron con ella, en símbolo de agradecimiento y admiración por unirse y escuchar su voz interior.

Y sintió su cuerpo lleno de sangre caliente y burbujeante,   ansiosa por salir y expandirse, como fuerza volcánica. Trascender de su cuerpo para expandir su existencia y compartirla como semilla de frutos rojizos. Impulsada por el grito de rebelión y ayudada por la fuerza del viento, saco las alas de su imaginario y voló.

Aterrizó en una isla en medio del Atlántico en la que lo único que gobernaba era el amor. Al tocar el suelo con los pies, algo mágico en ella engendró y descubrió el sitio maravilloso en el que había caído cuando miró a su alrededor.

Un inmenso azul, cristalino y profundo, le ganaba terreno a la tierra, la cual encantada por este baile ritual, en el que las olas suben y bajan, se dejaba fecundar. En la comunión de esas fuerzas la vida fluía, libre e imparable, en cada rincón. Y como si la madre quisiera darle un abrazo de bienvenida a la joven, desde sus entrañas sopló. 

Aire caliente salió de la tierra y el agua comenzó a burbujear. El vestido, largo, rojo y sedoso que vestía se empezó a elevar. Así la joven empezó a sentirse una con el uno, integrada en la totalidad. 

Dejó que el vestido se escapara de su cuerpo y descubriéndolo cálido y desnudo, no pudo sentir otra cosa más que libertad. Era la primera vez que la sentía con todas sus consecuencias y sabía que había llegado para no marcharse más. Había puesto fin a la lucha incansable por soltar de la tierra el hilo invisible que la tenía sujeta. Ya no habrían más acrobacias, ni piruetas, que tendría que realizar para escapar de los peligros de la muerte, del dolor y la realidad. Pues no sentía temor alguno a la muerte mientras pudiera vivir conforme a lo que a ella le parecía lo propio y natural.

Escuchaba los tambores y la música ritual cada vez con más fuerza. Así la joven se acostó en el suelo y restregando su cuerpo contra la tierra, comenzó a escarbar. No podía dejar de reírse a carcajadas, de revolcarse y dar saltos, por sentirse viva y llena de gozo. Como si de un impulso erótico se tratara sintió instintos de engendrar. Contempló su cuerpo desnudo, lleno de tierra, de manera que sólo su sonrisa y sus ojos se distinguían de lo que había a su alrededor. 
Se dio cuenta de que no sólo era un sentimiento, sino que se había mimetizado con el entorno.

Fue en ese momento, cuando tocando sus voluptuosas curvas se hizo consciente de su fuerza interior. La fuerza femenina, que todo lo engendra, la cavidad de poderes mágicos y espirituales más allá del intelecto, el útero que cobija, que nutre y hace las cosas florecer y renacer. 

Y cuando hubo sido consciente de esa potencia que le daba la vida se sintió preparada, una vez redescubierta a sí misma, para compartir su esencia. 

Después de unos minutos en trance, escuchándose y escuchando a la tierra respirar, se sintió cómodamente observada. Se encontró rodeada de animales: Felinos, aves y serpientes que bailaban a su alrededor. La miraban como si la hubiesen estado esperando hace mucho tiempo y movían sus cabezas arriba y abajo, dándole la bienvenida. 

Al cabo de unos segundos, escuchó algo. Como recién parido de un gigante, un hombre se bajó de aquel frondoso árbol. Estaba desnudo, con el cuerpo pintado de tierra y también era consciente de todo él mismo y de su miembro penetrante que fecunda en lo que engendra. Miraba a la joven embelesado después de haberla visto en ese trance extático, en la que toda su fuerza causaba en él la más pura admiración. Y así como el día y la noche, lo blando y lo duro, lo divino y lo demoníaco, se devoraron mutuamente. Y se hicieron más fuertes y más conscientes porque equilibraron sus fuerzas en un orden espontáneo, sin dejar de ser dos...

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Entropía



En el principio se dio un hecho con el que se inició la creación. Miles de partículas se propagaron por el universo, en un sistema caótico, expansivo e irreversible por naturaleza. Cada partícula siguió su camino, impulsada por el hecho que la antecedía, sin ser éste causa, necesariamente. Una pequeña variación en el origen implica unas consecuencias impredecibles haciendo que el sistema evolucione de manera totalmente distinta. El sistema caótico no se rige por una ley, ni siquiera por  la que postula que no existe una ley que todo lo rige. Esto implica que se pueden prever determinadas consecuencias, siempre bajo la condición de que pueden darse o no. Es el futuro incierto por el que se caracteriza nuestra existencia.

Sin embargo, dentro del caos existen varios órdenes que surgen espontáneamente, dando lugar a una auto organización natural que tiende al equilibrio. Es el orden espontáneo que reina en la naturaleza, es el orden del desorden, el orden del caos.

No hay más que observar a nuestro alrededor, de lo más cercano a lo más lejano.  Desde el orden de la naturaleza hasta el que reina en el universo.  Dentro del caos de la existencia surge un orden que lo beneficia todo, porque surge en interés mutuo de las realidades que lo componen. El principio fundamental de este orden espontáneo es la libertad.  Todo, ser y elemento, actúa libremente y se organiza de forma espontánea en la interacción con el resto, conforme al interés común, la existencia y la convivencia. 

No existió en el origen ninguna organización mayor que la propia de las partículas que se disiparon libremente por el universo. No existe ninguna institución que obligue a la naturaleza a actuar como actúa cada día y en el transcurso de los años.

La libertad es la causa de este orden y característica de la energía que todo lo mueve. También de nosotros.  Esto me hace pensar que difícilmente podremos ser libres guiando nuestra existencia a organizaciones o instituciones superiores y ajenas a nuestra naturaleza. Porque una realidad que actúa conforme a lo que no es, no puede evolucionar conforme a su esencia.

Parece existir una naturaleza entrelazada entre la realidad espiritual y la física. Ambas comparten una esencia primordial, una energía vital que las hace ser y todo lo caracteriza. “El buen orden surge espontáneamente cuando las cosas se hacen a si mismas” Chuang-tzu. Y para que las cosas se hagan a sí mismas tienen que comportarse conforme a lo que son. Energía libre y capacitada para superar las dificultades del entorno en la convivencia con los demás. Es la energía poderosa que fluye lentamente y que nunca se detiene.

Que estamos en un momento de caos no hace falta que lo argumente. No hay más que observar e intentar comprender la realidad para encontrar muestras del desorden, en el que predecir los acontecimientos futuros se hace extremadamente difícil, pero muy probablemente devastadores.

Puede que estemos en el momento de comprender lo que somos y cuales son las leyes, o más bien las no leyes, que rigen nuestra vida. Puede que sea el momento de prepararnos para ser libres.  Pensar que la filosofía o las ciencias son ajenas a nuestra realidad resulta, a mi juicio, un error de consecuencias nocivas. Sólo el esclarecimiento de las circunstancias que nos rodean nos capacita para comprender lo que somos y por tanto para vivir como nos corresponde. El conocimiento se encuentra en todas partes, en la interacción con los demás, en el arte, en los libros y en la misma naturaleza.  Nos capacita para comprender nuestro entorno, y desarrollarlo aumenta nuestras posibilidades de ser felices y libres. Es lo que nos merecemos.

Si la civilización en la que estamos inmersos nos reprime y nos aleja de conseguir el objetivo primordial: la felicidad, deberíamos de prepararnos para ser creativos y generar un nuevo orden.  La escasez no es una cuestión de recursos es una cuestión de organización. La militarización no es inherente al hombre es consecuencia de un sistema impuesto. La libertad no debe ser consecuencia de un orden sino su causa. La renuncia no debería ser nuestro día a día. El orden espontáneo, para mí la utopía, empieza en uno mismo, en la mímesis con la naturaleza, cuando el flujo de las fuerzas opuestas que nos componen, fluye libre y equilibrado. Nadie está obligado a nada, excepto a aceptar las condiciones que el sistema nos impone. Yo sólo recuerdo que cada vez está más claro que no funciona. Quizás es el momento de pensar en algo nuevo… Yo apuesto por el amor verdadero, el que surge entre dos personas como el orden espontáneo, construcción de verdad basada en la diferencia, el amor como forma de revolución. Está para reinventarlo...

martes, 13 de diciembre de 2011

Torbellino de amantes

Torbellino de amantes, William Blake


Quiero despegarme y no sentir nada. Ni dolor, ni hambre, ni miedo, ni ansiedad. Sólo a Tánatos, la destrucción, para que después llegue Eros.

Miro atrás y no veo nada. Más que años pasados ante mis ojos, vacíos y planos, sin experiencias profundas a través de las cuales poder trascender y sentir que estoy aquí para algo verdaderamente importante. ¿Para qué sirve?, ¿Para esto estamos aquí? . Dormir, comer, trabajar, follar. Dormir, trabajar, trabajar, trabajar, comer, follar. Dormir, dormir, follar, follar, comer, comer, trabajar, trabajar...O peor aún, comer, trabajar, trabajar, trabajar y ni siquiera follar. Coleccionistas de amantes, carentes de Eros.

¿Dónde queda el pensamiento?, ¿Dónde queda Eros?,¿Dónde están las profundidades en las que quiero perderme?....etiquetas vacías, carentes de sentido, que no dicen nada, que no definen nada, te dan miedo. A ti que estás por encima de las circunstancias, o eso creo. A ti que te das cuenta de lo que es verdaderamente importante, el pensamiento, el sentimiento, el ser en cada instante.

Cada vez me asfixio más en las ciudades. Lo gris de los edificios, el humo de los coches, el metro, las prisas. Huele a muerte, huele a muerte entre más o menos lujos, pero es muerte. Muerte de nuestro sentido de la existencia, muerte de nuestra esencia. Muerte del amor y muerte de la inteligencia.

Blade Runner, Aphaville, 1984, Metropolis, Farenheit 451...ya están aquí...ya han llegado...Espero que comprendan por qué es para mi tan importante la compresión y la lucha por nuestra esencia. Es lo úníco que nos queda, lo poco que queda...es lo único que nos difenrecia de los hombres grises hechos de hormigón...las emociones, el amor.

El amor de verdad, el Eros puro y transformador, dador de vida e inteligencia...La inteligencia emocional, eso es lo que nos diferencia. No hay un segundo que perder. No hay tiempo. Los cimientos se están tambaleando, y acabarán cayendo. Afortunadamente, veo la luz. Veo la luz en todo esto.  La llegada de Tánatos, la muerte de lo conocido, la destrucción de los valores hasta ahora comprendidos. Está por llegar esa fuerza destructora y llena de fuego que arrasará con todo. Quiero que llegue. Que acabe con todo. 

¿Acaso es peor ser cenizas que ser esto?...espectros infelices, marionetas al servicio de unas élites que nos explotan y anulan nuestra esencia, que nos obligan a pasar por la vida, una y única, como si fuera un juego en el que ellos ganan y todos los demás perdemos...

No hay más vidas que esta, no hay más oportunidades,,,yo no pienso perdérmela...no voy a renunciar a lo máximo de dónde mis potenciales pueden llegar...quizás acabe quemada en la hoguera, pero merecerá la pena, en cualquier caso...No pienso dejar que la tristeza, la impotencia y el dolor me invadan y me guíen en este corto viaje. Si corto, ¿por qué no?. ¿Acaso alguien ha firmado algún contrato por el cual vivirá hasta los 80 años?...

No quiero perder el tiempo, ni quiero tonterías, ni mentiras, ni banalidades, ni mamoneos, ya he comprendido de que va esto...y no voy a entrar. Lo siento.

Voy a seguir como hasta ahora, pero mejor. Porque ya no me consumirá la ira resultante de querer que cambie algo que es imposible. El capitalismo no cambia, no va a hacerse mejor, quizás si más fuerte pero siempre será igual de venenoso porque NO piensa en nosotros. Yo no quiero un cambio, quiero la destrucción. Espero ansiosa a Tánatos, para que todo lo arrase y de las cenizas nazca el más puro amor... 
Quiero pensar que nuestra esencia divina nos guiará en este sentido...pero no voy a esperar a que lo haga, voy a hacerlo yo.

Eros será mi guía, voy a rodearme de personas que sientan lo mismo y estén dispuestas vivir, una vida digna, en la naturaleza, realizando mis potenciales y favoreciendo que se realicen los de los demás, pensando en la comunidad, viviendo el amor y haciéndolo en cada instante.   
Si pensamos que no existe relación entre el Eros, su enfermedad, y el malestar de la cultura estamos muy equivocados. Miremos adentro, informémonos, hagamos autocrítica y seamos sinceros.

Fin 

Pd: este texto no está trabajado, ni retocado, es como quién respira, que ha salido sin pensarlo apenas, directo del corazón.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Bacanal

 
Danza de las bacantes, Salvador Tuset
CELDA. INTERIOR. NOCHE                                           
                                                                           
          DIONISOS(30) atractivo y de cuerpo fibroso, está encadenado      
          a la pared de la celda. Furioso intenta zafarse bajo la          
          mirada penetrante de PENTEO(36) que le observa tras las          
          rejas.                                                           
                                                                           
                              PENTEO                                       
                    No hay lugar para ti ni para tus                       
                    cultos en Tebas, Dionisos...                           
                                                                           
          PENTEO pasea acariciando con su bastón los barrotes de la        
          celda, haciendo ruido a su paso, de un lado al otro.             
                                                                           
                              PENTEO                                       
                    Convocar a las mujeres en el monte                     
                    para tus orgías es verdaderamente                      
                    depravado...y no lo consentiré como                    
                    ya te había advertido...                               
                                                                           
          DIONISOS forcejea con las cadenas, sin éxito.                    
                                                                           
                              PENTEO                                       
                    Pobre Dionisos, que se cree dios                       
                    del vino...no tienes nada que                          
                    hacer...soy el rey...                                  
                                                                           
                              DIONISOS                                     
                    Las mujeres son libres de hacer lo                     
                    que quieran...son libres para                          
                    seguirme...                                            
                                                                           
          PENTEO parece enfurecido.                                        
                                                                           
                              PENTEO                                       
                    ¡Guardias! ¡Abrid la puerta!                           
                                                                           
          Dos GUARDIAS abren la puerta de la celda y PENTEO  entra con     
          paso firme. Se acerca desafiante a DIONISOS y se agacha para     
          quedar a la altura de sus ojos. Le agarra por el cuello con      
          fuerza mientras habla, asfixiándole                              
                                                                           
                              PENTEO                                       
                    Las mujeres dejan de ser libres en                     
                    el momento en que beben ese vino                       
                    que les das...las enloquece, las                       
                    convierte en fieras en celo que no                     
                    quieren más corromper a los hombres                    
                    con el acto sexual...Mi madre no te                    
                    seguiría si estuviera en plenas                        
                    facultades...                                          
                                                                           
          El rostro de DIONISOS se enrojece y sus ojos se hacen            
          grandes y brillantes.                                            
                                                                           
PENTEO                                       
                    Las mujeres de Tebas son mías. Me                      
                    pertenecen...Y mi madre también.                       
                                                                           
          Finalmente, suelta el cuello de DIONISOS que da una gran         
          bocanada de aire, bajo la mirada orgullosa del rey.              
                                                                           
                              PENTEO                                       
                    Así aprenderás quién manda                             
                    aquí...¿O quieres que vuelva a                         
                    demostrártelo?                                         
                                                                           
          PENTEO le mira desafiante. DIONISOS coge aire y escupe sobre     
          el rostro del rey un gran chorro de vino tinto. Acto seguido     
          estalla en una carcajada.                                        
                                                                           
          PENTEO respira de forma entrecortada. Sus ojos se llenan de      
          furia y le tiembla el pulso.                                     
                                                                           
                              PENTEO                                       
                    ¡Maldito seas! Te arrepentirás de                      
                    lo que has hecho...acabaré contigo                     
                    al alba...contigo y con tu vino                        
                    endemoniado...¡Guardias!                               
                                                                           
          Los GUARDIAS vuelven a abrirle la puerta a PENTEO y le           
          ofrecen una tela con la que limpiar las manchas de vino que      
          cubren su rostro. PENTEO se frota el vino de la cara pero        
          parece haberle quemado la piel.                                  
                                                                           
                              DIONISOS                                     
                    Quien teme al vino es porque algo                      
                    esconde, Penteo...ten cuidado con                      
                    lo que temes...                                        
                                                                           
          Los GUARDIAS vuelven a cerrar la puerta y escoltan a PENTEO      
          escaleras arriba.                                                
                                                                           
          .................................................................
                                                                        
          DIONISOS observa sus muñecas adornadas con las cadenas. Se       
          lleva la muñeca derecha a la boca y muerde fuertemente,          
          haciéndose un gran corte. De la herida empieza a brotar vino     
          tinto a borbotones. DIONISOS sonríe poseído y bebe al mismo      
          tiempo. De pronto, de las muñecas, comienzas a crecer            
          robustas cepas de vid que rompen las cadenas. DIONISO se         
          pone de pie y se dirige a la pequeña ventana de la celda         
          cubierta con barrotes. Agarra los barrotes y la vid lo           
          envuélve, rompiéndolos.                                          
                                                                           
          Finalmente, se asoma y observa un grupo de MUJERES(20-50) en     
          corro, esperándole bajo la celda. Las MUJERES  van vestidas      
          con piel de corzo y llevan en la mano tirsos, un palo            
          coronado con una piña. En medio del corro hay un montón de       
hojas de vid que hacen de colchón para amortiguar su caída.      
          Las MUJERES alaban a DIONISOS cantando a tres voces.             
                                                                           
                              MUJERES                                      
                    ¡Evohé!, ¡Evohé!, ¡Evohé!                              
                                                                           
                                                                           
          MONTE. EXTERIOR. NOCHE                                           
                                                                           
          En la cima de la montaña hay una hoguera rodeada de MUJERES.     
          Unas tocan el aulós, otras timbales y tambores, entonando        
          una melodía estridente y caótica.                                
                                                                           
          A un lado yace DIONISOS, coronado con vid, sobre unas pieles     
          contemplando la escena. A su lado, ÁGAVE(50) le da uvas y        
          rellena su copa de vino.                                         
                                                                           
                              ÁGAVE                                        
                    Penteo es un inconsciente...aunque                     
                    sea mi hijo merece morir...                            
                                                                           
                              DIONISOS                                     
                    Tranquila Ágave...su destino                           
                    acabará con él...                                      
                                                                           
          DIONISOS contempla a las mujeres al ritmo del ditirambo,         
          dando palmadas. Las MUJERES  cubiertas con diminutas pieles      
          danzan alredor de la hoguera moviendo sus tirsos y sus           
          cabeza arriba y abajo.                                           
                                                                           
          La MUJER 1 y MUJER 2 traen en brazos a un cabrito que dejan      
          en frente de DIONISOS. La MUJER 1 clava la uña de su dedo        
          índice, larga y afilada, en el cuello del carnero,               
          rebanándoselo. DIONISOS se acerca y se pone debajo, bebiendo     
          de la sangre del animal. Las MUJERES ríen frenéticamente         
          contemplando la escena y cuando el dios termina de beber le      
          siguen algunas féminas.                                          
                                                                           
          DIONISOS con la boca, aún manchada de sangre besa a ÁGAVE        
          apasionadamente. ÁGAVE comienza a desnudarse, desgarrando        
          sus ropas, frenéticamente.                                       
                                                                           
          Una a una, se van sucediendo las MUJERES para besar a            
          DIONISOS, contagiándose así de esa locura.                       
                                                                           
          ................................................................ 
                                                                           
          Desde la copa de un árbol, escondido entre las ramas se          
          encuentra PENTEO observando la escena. Las MUJERES ahora         
          desnudas desgarran al cabrito y se lo comen crudo.               
                                                                         
DIONISOS muerde una de sus muñecas y se la ofrece a las          
          féminas que beben del vino que mana de sus venas y danzan        
          extasiadas.                                                      
                                                                           
          PENTEO frunce el ceño y avanza un poco sobre la rama que         
          finalmente cede y se rompe. PENTEO cae del árbol.                
                                                                           
          Inmediatamente, las MUJERES dejan de danzar y miran al árbol     
          del que ha caído el rey. PENTEO se sacude las vestimentas e      
          intenta controlar los nervios.                                   
                                                                           
          Algunas MUJERES comienzan a caminar en dirección al rey.         
          Mientras otras reanundan la melodía ritual. DIONISOS ríe a       
          carcajadas.                                                      
                                                                           
                              DIONISOS                                     
                    Oh, querido Penteo, en buen lugar                      
                    has ido a caer...ahora serán las                       
                    ellas las que te demuestren el                         
                    poder que tienen y quien manda                         
                    aquí...yo no voy a hacer nada más                      
                    que disfrutar de la escena...                          
                                                                           
          Las MUJERES cada vez están más cerca de PENTEO, encabezadas      
          por ÁGAVE.  PENTEO observa a su madre con temor y empieza a      
          dar pasos hacia atrás con cautela, hasta que finalmente el       
          tronco del árbol se lo impide.                                   
                                                                           
          Las MUJERES acorralan a PENTEO. ÁGAVE se adelanta unos           
          pasos.                                                           
                                                                           
                              ÁGAVE                                        
                    Déjarme empezar a mi...y recuperar                     
                    lo que es mío, mi sangre...                            
                                                                           
          Los ojos de PENTEO se llenan de lágrimas.                        
                                                                           
                              PENTEO                                       
                    ¡Madre!, ¡no serás capaz!                              
                                                                           
          ÁGAVE emite un alarido desgarrador y se abalanza sobre su        
          hijo mordiéndole el cuello y bebiendo de su sangre. Acto         
          seguido las demás mujeres se abalanzan sobre él y entre          
          todas lo devoran.                                                
                                                                           
          ................................................................ 
                                                                           
          DIONISOS está rodeado de serpientes. ÁGAVE  se acerca con la     
          cabeza de PENTEO coronando su tirso y se la ofrece a             
          DIONISOS.                                                        
                                                                        
ÁGAVE                                        
                    Que delicia de                                         
                    cortejo...afortunadas las que                          
                    participamos de tus dones...Toma la                    
                    cabeza de mi hijo en símbolo de                        
                    agradecimiento...                                      
                                                                           
          ÁGAVE clava el tirso con la cabeza de su hijo en la tierra.      
                                                                           
                              ÁGAVE                                        
                    Y tómame a mi como mensajera de tus                    
                    misterios...                                           
                                                                           
          DIONISOS se acerca a ella. Introduce su mano en la               
          entrepierna de la mujer, de la que empieza a brotar vino,        
          bajo la mirada cómplice del resto de MUJERES que danzan a su     
          alrededor, esperando a ser poseídas por el dios.                 
                                                                           
                              MUJERES                                      
                    ¡Evohé!, ¡Evohé!, ¡Evohé!                              
                                
 
FIN

viernes, 4 de noviembre de 2011

Píntame

Balthus Terese soñando
                                                            
         
                                                                           
          1.CASA DE NICO.INTERIOR.NOCHE                                     
                                                                           
          La habitación es abuhardillada y acogedora, con un estilo        
          bohemio. Hay varios lienzos terminados y a medio terminar        
          apoyados en la pared.                                            
                                                                           
          ANA(18), atractiva y voluptuosa, está sentada en un sillón       
          con las piernas sobre un taburete y los brazos levantados,       
          apoyados en la cabeza. Viste falda larga y roja de gasa y        
          una blusa blanca. Tiene los ojos cerrados, su expresión          
          muestra tranquilidad. A su lado en el suelo, hay un cuenco.      
          Un gato negro merodea por la habitación.                         
                                                                           
          En frente, NICO(30) la retrata sobre un lienzo. Parece           
          concentrado. ANA carraspea para llamar su atención.              
                                                                           
                              ANA                                          
                    ¿Te queda mucho?                                       
                                                                           
          ANA acompaña sus palabras con un movimiento. Remanga su          
          falda y recoge y abre las piernas lentamente, dejando            
          entrever su ropa interior blanca.                                
                                                                           
          NICO queda hechizado con la postura de ANA.                      
                                                                           
                              NICO                                         
                    Estás preciosa, Ana...                                 
                                                                           
                              NICO                                         
                    Lo sé, gracias...¿queda mucho?                         
                                                                           
          ANA clava sus ojos melosos en NICO, baja sus brazos y mueve      
          ligeramente las piernas que siguen abiertas. NICO sonríe con     
          picardía mientras acaricia los pelos del pincel. Está            
          nervioso.                                                        
                                                                           
                              NICO                                         
                    ¿Tienes prisa?                                         
                                                                           
                              ANA                                          
                    No...pero tengo las piernas                            
                    cansadas...                                            
                                                                           
          ANA se pasa las manos por las piernas, acariciándolas, como      
          si le dolieran. NICO sigue el recorrido de sus manos.            
                                                                           
                              NICO                                         
                    Descansamos un poco,¿quieres?...                       
                                                                           
          Ella asiente con mirada fría. NICO se acerca y quita las         
          piernas de la joven para sentarse, colocándolas sobre su         
          regazo.                                                          
                                                                           
                                      
Hay nos segundos de mirada intensa. NICO dirige despacio su      
          dedo índice hacia la piel de la joven. ANA retira la pierna,     
          juguetona y acto seguido se pone seria.                          
                                                                           
                              NICO                                         
                    ¿Puedo?                                                
                                                                           
          NICO espera ansioso la respuesta. Ella niega y levanta las       
          piernas como si fuera a quitarlas, pero las vuelve a apoyar      
          encima de él, repentinamente. NICO acerca su mano temblorosa     
          hasta rozar su piel y acaricia su pierna.                        
                                                                           
                              NICO                                         
                    ¿Has hecho esto alguna vez?                            
                                                                           
          Ella deja que la mano avance, pero cuando está a punto de        
          pasar su rodilla, junta las piernas, impidiéndolo.               
                                                                           
                              ANA                                          
                    ¿Tú que crees?                                         
                                                                           
          ANA parece muy segura de si mísma. El está tenso.                
                                                                           
                              NICO                                         
                    No lo se...a veces me                                  
                    desconciertas...                                       
                                                                           
          ANA ríe timidamente y le acaricia la cabeza.                     
                                                                           
                              ANA                                          
                    No eres el primero que ha querido                      
                    pintarme, Nico...A mi primo le                         
                    gustaba mucho también...la pintura                     
                    digo...                                                
                                                                           
          NICO parece desconcertado. ANA sonríe.                           
                                                                           
                              ANA                                          
                    En realidad si eres el primero,                        
                    quiero que lo seas...mi primo                          
                    quería. Pero no le dejé.                               
                                                                           
          Los ojos de NICO se hacen se abren con entusiasmo. Ella se       
          lleva las manos a la cabeza y vuelve a posar.                    
                                                                           
                              ANA                                          
                    No se si lo hago bien...¿tu que                        
                    crees?                                                 
                                                                           
          NICO acerca su nariz a la pierna de ella para olerla.            
          Respira profundamente y sigue contemplándola.                    
                                                                           
                                                                      
NICO                                         
                    Lo haces muy bien, creéme...posar                      
                    es natural...sale solo cuando estás                    
                    frente a la persona adecuada...                        
                                                                           
          NICO le quita el zapato y después el calcetín blanco a juego     
          con su ropa interior. Lo hace con delicadeza, mimándola en       
          cada caricia y disfrutando con ellas. Masajea el pie             
          derecho. ANA emite un timido suspiro a la vez que estira los     
          brazos y curva la espalda hacia atrás.                           
                                                                           
          NICO contempla su expresión. Ella baja su pierna izquierda       
          bruscamente y recoge la derecha. El repite la mísma acción       
          para quitarle la otra zapatilla y masajaearle el pie.            
                                                                           
          ANA baja una de sus manos para acariciar al gato que bebe        
          leche del cuenco, a su lado. Observa al animal y el sonido       
          que emite. Moja un dedo en el cuenco de leche y observa como     
          resbalan las gotas hasta caer en el suelo. Vuelve a mojar su     
          dedo y deja que chorree en su pie. NICO se acerca despacio.      
          Cuando está a punto de rozar su pie con los labios, la mira      
          esperando su consentimiento. Ella sonríe y el recoge con el      
          dedo las gotas,que resbalan por el pie, y se lo lleva a la       
          boca.                                                            
                                                                           
          ANA repite la acción y deja chorrear sobre su pierna, a la       
          altura de la rodilla. NICO respira fuertemente. Se acerca        
          despacio y mira a la joven esperando su aprobación. Ella         
          sonríe. El finalmente absorbe las gotas de leche que             
          resbalan muslo adentro. ANA junta sus rodillas.                  
                                                                           
                              NICO                                         
                    Sabes muy bien...                                      
                                                                           
          Ella muy seria, funce el ceño.                                   
                                                                           
                              ANA                                          
                    ¿Quieres más?                                          
                                                                           
                              NICO                                         
                    Por favor...                                           
                                                                           
          Ella lleva su mano hasta el cuenco y la sumerge entera. La       
          lleva hasta su entrepierna y la deja gotear. El le mira          
          sorprendido y encantado con la escena. Las manos de NICO se      
          dirigen a la entrepierna. Ella las agarra insegura.              
                                                                           
                              ANA                                          
                    ¿Y si no se?                                           
                                                                           
                              NICO                                         
                    Yo te llevo...no tienes que hacer                      
                    nada, sólo relajate y disfruta...                      
                                                                           
                                                                         
Ella coge aire, su expresión se va relajando. Las manos de       
          NICO dejan caer las bragas de ANA al suelo y su cabeza se        
          pierde bajo la falda. Ella se retuerce en el butacón. Al         
          cabo de unos segundos,toca la cabeza de NICO para llamar su      
          atención. Él sale de la falda y la besa apasionadamente.         
                                                                           
          ANA cubre las manos de el con la falda, ancha y roja, que        
          tiene remangada. Cierra los ojos y sonríe. Ella se               
          sobresalta como si le doliera.                                   
                                                                           
                              NICO                                         
                    Iré más despacio...                                    
                                                                           
          Ella niega y le susurra tímidamente.                             
                                                                           
                              ANA                                          
                    Quiero que termines...                                 
                                                                           
          NICO parece desconcertado. Ella le besa apasionadamente y le     
          agarra del cuello mirándole a los ojos.                          
                                                                           
                              ANA                                          
                    Quiero que termines de pintarme...                     
                                                                           
          El suspira y le toca la entrepierna bruscamente. ANA ríe.        
                                                                           
          NICO se levanta en dirección al lienzo. El dibujo está a         
          medio terminar: es ANA con las piernas abiertas sentada en       
          el sillón. Coge el pincel y continúa pintando enérgicamente.     
                                                                           
          Una sombra sobre el cuadro, llama su atención. Se gira y         
          observa las piernas de ANA desnudas. Unas gotas de sangre        
          las recorren, desde la entrepierna hasta los tobillos. ANA       
          le mira fijamente con una ligera sonrisa. NICO fascinado se      
          agacha hasta quedar a la altura de su muslo. Se acerca           
          despacio y moja su pincel en la sangre de la jóven.              
                                                                           
                              FIN                                          
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                           
                                                                            
                                    
                                                                          
                                                                           
                                                                          
                                                                          
                                                                           

martes, 13 de septiembre de 2011

Recuerdos

El árbol de la vida, Gustav Klimt
  


No hay mejor bendición que la memoria, pensó al final de aquel fatídico día.
Como siempre, ella le esperaba sentada en el jardín, viendo las flores balancearse con el viento y las abejas y los pájaros,  haciendo lo que cada día les apetecía.
Disfrutaba de la luz del atardecer, le parecía que las cosas eran aún más hermosas, si es que podían. Quedó absorta contemplando un remolino de aire que hacía bailar las hojas secas elevándolas, desde el suelo, para volver a dejarlas caer. Una y otra vez, sin prisa ni pausa, un movimiento libre, pero continúo. Como la respiración, pensó.
Entonces recordó el primer día que le vio dormir. Tan calmado, tan sumido en sus sueños que su rostro parecía no haber adquirido nunca otra expresión. Esa era la expresión perfecta de su interior, ella así lo imaginaba cuando le susurraba en la oscuridad.
Unas líneas muy sutiles,  en las comisuras de su boca,  dibujaban una leve sonrisa que se hacía más evidente cuando su pecho se llenaba de vida, de aire y se distendía cuando su cuerpo se vaciaba.
Ella acercó su oído y sin apoyarse, tan solo rozando la piel desnuda de su compañero, cerró los ojos y se concentró en el sonido de su respiración. Inspiraba y espiraba, pausada y profundamente, y le recordó a otro sonido que también le había cautivado a lo largo de  su vida, el de las olas del mar.
El mar también inspiraba y espiraba.  Al mar también se le escuchaba respirar. Y ambos sonidos la mecían, la tranquilizaban, hasta llevarla a un estado de letargo, de ensoñación en la que su mente divagaba llena de fantasía, guiada por la inspiración.
De pronto, un movimiento brusco la interrumpió. La mano de su hermana la zarandeaba y, de un salto, se levantó. Al escuchar la noticia, su corazón dio un vuelco y se encogió. Su estómago quedó hecho un nudo y, sin quererlo, vomitó. Las piernas le temblaron y su vista se nubló, pero al pensar en lo que le habían contado, sacó las fuerzas y huyó.
Corrió despavorida entre los matorrales, intentando olvidar lo que había pasado. No quería recordarlo, pero no podía evitar imaginarle en esa dolorosa situación. No se lo merecía, ¿quién se lo merece?, pensó. Quería haber estado con él en aquel momento y poder despedirse como quería o haberse ido con él, ¿por qué no?.
Avanzó velozmente entre el follaje, hasta que una rama le golpeó. Una brecha se abrió en su mejilla, pero no le dolió. Sufría más con la herida abierta que había en su corazón. Se paró en seco y apretó el corte de su rostro y, de pronto, sintió el dolor. Vio su mano manchada de sangre y sintió alivio pues ahora el corte latía afligido más que su interior. Tan sólo fueron dos segundos de distensión, porque la imagen de su compañero ausente a su mente volvió. Y siguió corriendo desesperada, sin apenas aire, hasta que el final de la tierra se lo impidió.
Frenó en seco y contempló el acantilado, salvaje y escarpado, y las feroces olas rompiendo contra los riscos,  como si estuvieran también furiosas por lo que había ocurrido.
La joven sintió el impulso de tirarse y poner fin al inmenso sufrimiento que le separaba para siempre de aquel a quién amó.  Y en un intento desesperado de respirar el aire que le faltaba, lo consiguió. Sus pulmones se llenaron de oxígeno y un grito desgarrador salió de sus entrañas. Rompió a llorar desconsolada y entre alaridos y lágrimas cayó al suelo, agotada.
Era su forma de expresar la rebelión que había decidido iniciar contra la naturaleza,  la misma que había querido arrebatárselo cuando eran tan felices, cuando tenían todo lo que una persona puede desear. Y cuando dejó de concentrarse en a aflicción de su pecho y se fue relajando,  sucedió.
Una imagen tras otras fueron reproduciéndose en su mente. Atraídas por su conciencia, rescató momentos del pasado y pudo verle otra vez. Su rostro nítido y claro como cuando lo tenía delante. Esa sonrisa que tantas veces la habían provocado carcajadas. Aquellos labios que siempre la habían llevado a un estado de ebullición.
Observó sus manos, ésas que nunca olvidaría, las que la habían ayudado, una y otra vez, a superar los momentos difíciles. Y estudió esos ojos, de los que se había enamorado una vez hace muchos años,  tan inocentes  y tiernos, tan llenos de vida, impregnados de ese brillo nacarado que le llenaba el alma de gozo. Respiró su aroma, sintió su aliento y sonrió.
Lo percibió con la misma sinceridad y profundidad con la que se viven las cosas. Le escuchó reír y cantar. Le contempló leyendo, haciendo bromas y bailando, sin pestañear.  Analizó lo que estaba aconteciendo y se dio cuenta de que no debía de sufrir más.
El no la había dejado sola, ni desaparecería nunca porque vivía dentro de ella. “Aquí me encontrarás", escuchó la voz de su amado diciéndoselo y sin poder evitarlo volvió a llorar.  Pero ya no de dolor, sino de alegría al comprender que era verdad.
Todo lo que habían vivido, todo lo que habían hablado, no se desvanecería nunca, nadie se lo podría arrebatar, porque eran huellas indestructibles que nacían en su conciencia y en su alma para toda la eternidad.
Así son los recuerdos,  un regalo de nuestra existencia, un bien divino dónde los haya. Nos permite revivir momentos una y otra vez, tantas como queramos, escapar del tiempo y flotar en el universo de nuestra esencia, de nuestras experiencias.
Después de pensar en ello,  la joven se sintió agradecida por ser portadora de este don casi mágico, porque aunque el ya no estuviera presente, estaría con ella siempre en la intimidad de su memoria.
Los sentimientos, a la muerte, sobreviven y por eso decidió que plantaría allí un árbol. El árbol de la vida que desafiaría a la gravedad, elevando sus brazos hacia el cielo, igual que ella desafiaría a lo perecedero sembrando allí la semilla inmortal de su amor.
 Fin